Un año ha pasado desde que el huracán Iota devastó la isla de Providencia, y sus habitantes aún viven las secuelas de esa tragedia. Historias de valentía, pérdida y la lucha por la recuperación marcan la vida de quienes sobrevivieron a la tormenta. Entre ellos, los relatos de Nicasio Howard Archbold y Vincnt Newball resaltan la fortaleza del espíritu humano ante la adversidad.
La memoria de Nicasio Howard Archbold
Nicasio Howard Archbold, conocido en su comunidad como un experto en el mar y consejero de muchos, dejó un legado imborrable en Providencia. A sus 69 años, su vida se apagó tras el paso del huracán Iota, el 22 de noviembre de 2020. Su hija, Nashelly, recuerda cómo en los días previos a la tormenta, Nicasio mostraba signos de inquietud, instando a su familia a prepararse para lo que estaba por venir. “Él presentía que algo grave iba a suceder”, relata Nashelly.
El 15 de noviembre, mientras el viento y la lluvia comenzaban a arremeter, Nicasio advirtió a su esposa, Bárbara, sobre el peligro inminente, pronosticando una subida del mar que alcanzaría hasta siete metros. Sin embargo, sus advertencias fueron desestimadas por su familia, quienes recordaban su afición por el clima y lo llamaban en tono de broma ‘Junior Enríquez’, en honor a un famoso meteorólogo colombiano. A pesar de la falta de atención, su preocupación era genuina.
En la noche del 16 de noviembre, el huracán alcanzó su máxima intensidad, y la familia se refugió en un hotel. Pero la tormenta desató su furia y, a la una de la mañana, el agua ya alcanzaba las rodillas. Nashelly recuerda que su familia se aferró a una cuerda mientras el caos reinaba afuera. En medio del horror, Nicasio se dedicó a proteger a su esposa, recibiendo impactos que le costarían la vida.
Tras ser evacuado a un hospital en San Andrés, se confirmó que Nicasio sufrió múltiples contusiones y una hemorragia interna. A pesar de los esfuerzos médicos, falleció el 22 de noviembre. Para su familia, su muerte fue un golpe devastador, y Bárbara aún vive en estado de conmoción, mientras la familia se une para conmemorar el legado de Nicasio y celebrar la vida de su nieta.
La historia de Vincnt Newball
Otro nombre que se une a las historias de pérdida es el de Vincnt Newball, un hombre de 76 años que también fue víctima del huracán. Vincnt era conocido por su sabiduría y sus relatos sobre piratas y tesoros, aprendidos de su padre. Su hermana, Genoveva, recuerda cómo su hermano solía cautivar a la gente con sus historias, un legado que ahora se ha silenciado.
Las autoridades confirmaron que Vincnt murió debido a la caída de las paredes de una vivienda en Santa Catalina, donde se refugió para escapar de la cuarentena por COVID-19. Genoveva comparte que su hermano, que había padecido de una trombosis años atrás, decidió vivir solo durante la tormenta, lo que lo llevó a su trágico final.
La familia de Vincnt tardó varios días en poder llegar a Santa Catalina tras el huracán, y lamentan que su hermano haya estado solo en sus últimos momentos. “Él murió solo, así estuvo mucho tiempo de su vida desde que regresó. Creo que la gente que lo conoció lo va a extrañar por sus historias”, expresa Genoveva, visiblemente afectada.
El camino hacia la recuperación
Un año después del paso de Iota, la comunidad de Providencia sigue lidiando con los estragos dejados por la tormenta. Las casas dañadas y la infraestructura destruida son recordatorios permanentes de la tragedia. Sin embargo, a pesar de la pérdida, los habitantes de la isla han demostrado una notable resiliencia.
Las historias de Nicasio y Vincnt son solo ejemplos de la lucha y la valentía de quienes habitan en Providencia. Su legado vive en la memoria de sus seres queridos, quienes continúan esforzándose por reconstruir sus vidas y la comunidad. En este primer aniversario de la tragedia, la comunidad se une no solo para honrar a los caídos, sino también para reafirmar su compromiso con la recuperación y el apoyo mutuo.
La vida en Providencia ha cambiado drásticamente desde el huracán, pero el espíritu de sus habitantes sigue intacto. La unión familiar y comunitaria se ha fortalecido, y a través del dolor, se vislumbra la esperanza de un futuro más brillante para todos.
Con información de El Tiempo.